Centenario llegada expedición de Scott al Polo Sur

De el Blog de Paco Nadal en [Enlace retirado]

La historia de aquella epopeya y la competencia con la expedición del noruego Amundsen, que al final se les adelantó por 30 días arrebatándoles la gloria de ser los primeros humanos en el extremo sur del globo, y posterior muerte de Scott y sus cuatro compañeros en el viaje de vuelta es de sobra conocida y no me quiero extender en ella. Se le considera la marcha a pie más dura jamás realizada; uno de los miembros de expedición británica, Cherry-Garrad, escribió años más tarde un libro de lectura imprescindible para comprender aquella gesta y lo tituló con gran acierto: «El peor viaje del mundo».

Con la imagen todavía reciente en mi retina de aquellos territorios extremos solo puedo corroborar que el esfuerzo que hicieron los hombres de una como de otra expedición fue algo titánico, en los límites de lo imposible, que demuestra la capacidad de sufrimiento del ser humano. Una lucha contra la naturaleza más extrema que nadie pueda imaginar: 3.000 kilómetros a pie, con vientos huracanados y temperaturas entre 30 y 50 bajo cero, y sin posibilidad de ayuda exterior.

También fue (hay que decirlo) una epopeya absurda.
Shackleton había llegado unos años antes a 170 kilómetros del Polo, se sabía ya como era aquel territorio, se sabía que no había nada y el poner un pie o no en el Polo Sur no aportaba nada, absolutamente nada, ni a la ciencia ni al conocimiento del continente antártico.
Y lo hicieron además con la tecnología de un final de época muy limitada para afrontar semejante reto . Apenas unos años más tarde se inventarían o desarrollarían logros científicos que hubieran facilitado enormemente la llegada al Polo: las vitaminas, el avión, la radio, los vehículos oruga….

Sin embargo, lo hicieron. Impelidos por esa necesidad genética del ser humano de llegar un poco más allá, de explorar lo desconocido, de demostrar lo que no puede comprender y que nos ha hecho colonizar todo el globo, desde los desiertos a los Polos.

Yo reconozco que siempre fui más de Amundsen, por aquello de que adaptándose al medio y aprendiendo de los aborígenes esquimales había logrado con un reducido equipo y presupuesto doblegar a la potencia colonialista del momento, Gran Bretaña. Pero tras leer alguno de los muchos libros sobre el tema publicados con la efemérides del centenario de la llegada al Polo Sur, que ahondan no solo en los detalles técnicos de ambas espediciones, sino en las personalidades de sus líderes…. casi me paso al bando de Scott.

Amundsen fue un gran explorador, pero era un tipo egocéntrico, irascible y de complejo carácter que tuvo malas relaciones con casi todos sus compañeros de viaje e incluso a uno de ellos, Johansen, lo empujó al suicidio. Además, los excluyó por contrato de los laureles del éxito. La fama del Polo Sur fue para él y solo para él.

Sin embargo Scott, con todos sus errores de planificación (que le llevarona la muerte), su carácter reservado y dubitativo, y su estricto código de honor típico de la Armada del Imperio Británico de esa época post-Victoriana, fue más humano y leal con sus compañeros e incluso con sus animales. Fue incapaz de sacrificar a sus caballos para hacerlos carne (lo que quizá le hubiera salvado la vida): solo lo hizo cuando estaban ya heridos o famélicos de muerte. Y devolvió con vida a todos sus perros, incluidos dos que se cayeron en una grieta; cuando todos sus compañeros decían que lo mejor era dejarlos allí por el riesgo que entrañaba sacarlos, Scott ordenó que se les salvara a toda costa, pero para no poner en peligro la vida de nadie, bajó el mismo atado a una cuerda al fondo negro y tétrico del glaciar a por los dos canes.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.