Hablemos del café (y de paso del rey Gustavo III de Suecia)


Del Fantástico blog De: recuerdosdepandora.com (visto en Menéame)

Cuando el rey Gustavo III de Suecia intentó demostrar que el café era venenoso

La historia del café y su introducción en la cultura occidental, es algo que ha ocupado líneas, páginas y libros con el paso de los años. He llegado a leer a algunos que incluso afirman que el café vino de América tras el descubrimiento por Cristóbal Colón, cosa totalmente desmentida, ya que multitud de escritos demuestran que el café no llegó a Colombia hasta finales del siglo XVII.

La verdad es que, pese a que muchos datos apunten a Etiopía como lugar donde se encontraron las facultades energéticas del café, los primeros datos históricos se encuentran en Yemen, más concretamente en Moca, al suroeste de Yemen (sí, sorpresa, ahora también sabéis de dónde viene eso del café moca). De ahí, se extendió a Oriente Medio, Persia, Turquía y finalmente entró en Europa.

Como todos los cambios culturales que sufre un pueblo, el café supuso una gran controversia durante años. Los primeros problemas los ocasionó la religión. El café tenía su origen en el Islam, y suponía un gran conflicto desde el punto de vista católico, ya que muchos no veían correcto, e incluso consideraban un pecado que cualquier católico lo tomase. Todo se zanjó finalmente cuando el papa Clemente VIII tras probarlo dijo:
«Esta bebida de Satanás es tan deliciosa, que sería una lástima dejar a los infieles la exclusiva de su uso. Vamos a chasquear a Satanás bautizándola y así haremos de ella una bebida auténticamente cristiana».

Pero mucho más extendida estuvo la controversia respecto a lo beneficioso o dañino que podía ser para la salud. El miedo a su consumo se mantuvo durante décadas e, incluso en algunos países como Suecia, se igualó a la controversia ya existente por el uso del té. Allí, el rey Gustavo III llevó a fin un experimento extremadamente curioso para determinar si el café y el té eran dañinos, y cuál era más dañino de los dos.

Para ello, el Gustavo III eligió a dos gemelos monocigóticos que habían sido sentenciados a muerte por asesinato. El rey quería demostrar el efecto venenoso de ambas sustancias, y al mismo tiempo determinar cuál de las dos era más letales, por lo que obligó a ambos gemelos a mantener los mismos hábitos alimenticios por el resto de su vida con una única diferencia: uno de los gemelos tomaría tres tazas de café y el otro tres tazas de té.

El tiempo pasó sin que efecto alguno se apreciara en ninguno de los dos gemelos. El 16 de marzo de 1792, el rey Gustavo III sufrió un atentado, a causa del cual murió trece días después sin ver el resultado del experimento que había comenzado años atrás.

De hecho, pocos de los que estaban vivos cuando el rey conmutó la sentencia de muerte de los gemelos pudieron ver el resultado final del particular experimento del rey. El primero de ambos en morir, fue el gemelo obligado a beber té, cuando contaba con 83 años de edad, muriendo pocos años después su hermano.

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