Los chinos descubren los cubiertos normales

Desde el Mundo Today
La ciudadanía china vive con euforia la reciente llegada a su país de los cubiertos occidentales después de que, burlando los controles de la censura gubernamental, una pareja lograra comprar cuatro pares de cuchillos y tenedores en Internet. “No soporto los viajes pero llevo más de veinte años yendo al otro lado del mundo solo para descansar de estos malditos palillos y comer como una persona”, confesaba un testimonio en Shangai. Hasta ahora, los chinos solo podían acceder a los cubiertos cuando salían del país y luego no podían traerlos consigo a causa de los controles en los aeropuertos y de las restricciones de su propio gobierno, que temía que la población se clavara los cubiertos en el pecho. “Ya costó que quitaran las protecciones de los enchufes por miedo a que metiéramos los dedos en ellos. Espero que ahora se den cuenta de que sabemos usar los cuchillos para comer sin cortarnos ni nada”, insiste el testimonio. El presidente de la República Popular, Hu Jintao, pide a los chinos “que devuelvan inmediatamente estos instrumentos”.

Pese a las amenazas de la autoridad, que interpreta el suceso como “una amenaza y un insulto a nuestra milenaria tradición”, varias empresas chinas han tomado como modelo los ejemplares llegados de Occidente y están fabricando sus propios cubiertos. “La demanda nos desborda. La gente está arrojando los palillos chinos por las ventanas en señal de protesta y pide comer normal. Incluso hay quien solicita un buen filete seguido de café, copa y puro”, explica uno de estos fabricantes clandestinos.

El furor que han provocado los cubiertos en China parece imparable pero Hu Jintao sigue empeñado en reprimir “el vergonzoso neoimperialismo occidental” y, para ello, su gobierno está distribuyendo entre la ciudadanía fotografías retocadas de niños con tenedores y cuchillos clavados en varias partes del cuerpo. “No nos asustan. Que coman ellos con estos palillos de mierda”, sentenciaba una ciudadana tras probar los cubiertos por primera vez. “Y ya que estamos, la ceremonia del té también es una puta mierda. Una cosa es tomarse un té como todo el mundo y otra hacer el capullo tumbadito en el suelo”, insiste la mujer.

Como alcanzar la felicidad


Un médico ha afirmado esta mañana en la televisión que el único modo de conseguir la verdadera paz interior y alcanzar la felicidad es acabar todo lo que tengas pendiente o a medias.

Así que he echado un vistazo por casa y he encontrado varias cosas que había comenzado pero que no había finalizado: he terminado por completo una botella de tinto reserva, una botella de tinto crianza, una bodella de Baileys, una bodeya de grron, un baquettte de batatas britas, una gajjja de vallllliiiiiuuum, el resdo de unas yogoladinas y de udas badalenas.

Do dienes di idea de lo godidamende ffffabulosssso gue me diendo agora midmo. Fod favod engvía ezdo a dodoz losss gue ziendaz gue nededidan bazz inderiozz y do alganzann la velicidadd.. Coñññño oz guiero bussshho a dodoz.
¡Joed, gómo oz guiedo!!
Visto en FinoFilipino

Dia mundial del Alzheimer

De Francisco Navarro.

Quien no se estremece ante testimonios como el de Antonio es que carece de sentimientos.

Antonio ha llamado hoy a la radio, es un enfermo de Alzheimer con cuarenta y seis años. Ha sido profesor de matemáticas en un instituto, ya no ejerce. Su médica le ha comunicado que tiene mucha vida por delante, él le pide al Estado que articule algún sistema, o medida, o lo que sea, para que les quiten la vida a las personas como él. Vivir otros cuarenta años le aterra, afirma que la enfermedad no es tal, que es un castigo de Dios. No quiere verse en un rincón, sin recuerdos y solo. Tiene días de todos: hoy y ayer han sido buenos, pero tiene más malos. La semana pasada no recordaba el nombre de sus hijos. Le da miedo salir a la calle, hace poco se perdió y tuvo que llevarlo a casa la policía. Pasea en el patio y reitera su terror a salir. Es incapaz de resolver una raíz cuadrada, él que ha enseñado a solucionarlas durante más de viente años. Cuenta el aprecio que le tienen sus antiguos alumnos, pero que su familia no lo quiere. Nombra la medicina que toma y vuelve a incidir, con la misma frialdad y desapasionamiento de la primera vez, en que es necesario que el Estado haga algo para quitarle la vida. Le martiriza no recordar lo que desayunó y a la vez, rememorar escenas de su infancia con tanta claridad. Su familia no lo quiere, repite, su mujer quiere separarse, se va a ver mal cuidado en un rincón de un sucio asilo, haciéndoselo encima y sin recuerdos. Me ha hecho llorar.

Mi abuelo paterno, al que no conocí, murió de una ignota y silenciada demencia senil, como entonces se llamaba, me reveló el secreto el ancestral barbero que ha arreglado a varias generaciones de mi familia, ya se sabe lo deslenguados que son los maestros peluqueros. Ronchaba bolas de carbón tras la puerta de la calle, a escondidas. En los entierros de sus nietos, uno ahogado en Ruidera y el otro muerto de leucemia al poco —decían que de la impresión se le había vuelto la sangre agua— lloraba y reía sin parar. De la locura del abuelo nunca se hablaba en casa.

No hace mucho, en un velatorio, el consuegro del finado, hacía lo mismo que decían que hacía mi abuelo: reír y al poco llorar, con el pelo fosco y la barba mal afeitada, preguntado a quien llegaba a la sala del tanatorio donde estaban el porque de su presencia en aquella limpia sala y relatando, a continuación, aventuras seguramente de su niñez, con referencias a bicicletas, eras y guás.

La tía Paca era pequeña y vivaracha, siempre con moño, no se le oscurecía nada. La tía Paca, cuando la conocí, vestía de medio luto y años antes tuvo que ir a reconocer el cadáver de su marido al campo, el hombre se murió en el tajo de un infarto y lo encontraron con la boca llena de hormigas. La tía Paca comenzó a perder la memoria y resultaba graciosa. La llevaron Madrid a casa de una hija cuando no se valía sola, confundía las visitas con escenas de su niñez. He contemplado como no reconocía a su hermana ni a sus sobrinas, con la límpida y tranquila mirada de Aída en «El hijo de la novia». Como tenía un corazón más fuerte que un toro duró muchos años, cada vez se iba deteriorando más: dejó de reír, dejó de pedir que la llevasen al baño, dejó de comer, dejó de hablar, acabando como un vegetal. Las hijas y la nuera estirazaban de ella, la levantaban, la aseaban, le daban de comer. Ella engordaba, cada vez pesaba más y necesitaron una grúa. Pelearon como jabatas con su madre, siempre con una sonrisa en la boca.

El solo pensamiento de la enfermedad me estremece; me aterra. Es un mal terrible que destroza a los enfermos, dejándolos sin dignidad. A los familiares les hipoteca la vida y los condena a una suerte de castigo mitológico y admirable. Mi recuerdo, comprensión y solidaridad en el día mundial del Alzheimer.

Frontera India – Paquistán

Post y texto de lareserva.com La foto también la he visto allí
Similar a una muralla China construida en la actualidad, una línea de luces con un matiz anaranjado, separa las fronteras de estos países asiáticos. Esta línea parece ser más continua y brillante que la mayoría de las carreteras que se ven desde la EEI. Su singular aspecto es debido a la valla con luz artificial diseñada para desalentar el contrabando y el tráfico de armas en la zona. La imagen tiene también otro detalle interesante, un “aura” muy por encima de la Tierra que copia a la perfección el borde de nuestro planeta. De acuerdo a lo informado por la Nasa, este brillo se produce por a las radiaciones que “golpean” la atmósfera de la Tierra.