Las 12 grandes mentiras del management

1. “Los empleados son nuestro bien más valioso”.
2. “Yo sigo una política de puertas abiertas.”
3. “Bajo el nuevo plan podrá ganar más dinero”.
4. “El futuro es brillante”.
5. “Recompensamos a quienes asumen riesgos”.
6. “El rendimiento será recompensado”.
7. “No matamos al mensajero”.
8. “La formaci’n es una de nuestras principales prioridades”.
9. “No he oído comentar ningún rumor”.
10. “Revisaremos su rendimiento dentro de seis meses”.
11. “Nuesta gente es la mejor”.
12. “Su opinión es muy importante para nosotros”.

El principio de Dilbert
El principio de Dilbert alude a una observación satírica de los años 1990 que afirma que las compañías tienden a ascender sistemáticamente a sus empleados menos competentes a cargos directivos para limitar así la cantidad de daño que son capaces de provocar.

Leer y disfrutar:
Las 12 grandes mentiras del management directivo de Yoriento.
El principio de Dilbert (por Scott Adams)

Inspirado por nuestro M.Miguel R.M.

Si la vida te da limones, haz limonada

Tristemente es un déjà vu.
De Chiquiworld

Si no me tomo un café con magdalenas no seré capaz de aguantar la reunión de esta mañana. Cafeína y azúcar y que no me hable ni dios hasta llegar a la oficina …. ¡Anda que no hay gente fea en este vagón! ¿Por qué es tan fea la gente del metro? ¿Será que el gobierno, con mayúsculas, el conspirador, ha ocultado un incidente nuclear ocurrido en sus profundidades y el uso continuado del metro produce mutantes con bolsos de polipiel y olor a cebolla revenida? Yo es que a esta gente no me la encuentro en la superficie. A lo mejor forman parte de un ecosistema diferente que sólo existe aquí dentro, con sus propias costumbres sociales de apareamiento, incluso con su propio sistema de castas. Seguro que debido a la escasez lo reciclan todo y por eso llevan todos esa pinta de no haber tenido nunca una buena vida, una vida propia. Sin aire natural ni agua andan todos con este mal color y este olor a rancio. ¿Cómo se conseguirá colocar la grasa en sitios tan raros?

Estos cuerpos no son posibles en la superficie, desde luego, debe de ser por la endogamia, porque folletean entre compañeros de línea; todo el día aquí metido debe dar para mucho. Líneas….. ¡claro! ¡Ahí están las castas!: los de la línea 4 deben de ser los de toda la vida y abundan los ancianos que serán reemplazados con los mutantes de la Línea 6 y con los trashumantes de la línea 7…

¡Qué asco me está dando el guaraní ese de la bolsa del Lidl dada la vuelta, dando cabezadas y babeando al mismo tiempo! Éste debe pertenecer al estrato más bajo, al de los recogedores de excrementos, sangre y vísceras por atropello, al de los intocables. ¡Oh, no! y ahora el panchito con su chundachunda ¿Pertenecerá a los coros y danzas de la nación subterránea? Si fuera así, se explicarían muchas cosas, empezando por su insistencia en dar el coñazo cuando nadie les da un duro. Son funcionarios del inframundo y sus melodías metálicas las pagan todos los mutantes que son también contribuyentes porque Hacienda somos todos…

– Próxima parada: Gregorio Marañón, correspondencia con línea 7.

Ya llego tarde y no me he leído el informe pensando en chorradas de mundos paralelos y canciones de Camela. Menos mal que en esta santa empresa nadie es puntual y nadie tiene ni puta idea de nada, empezando por el jefe que se lo inventa todo. Improvisaré algo si no puedo escurrir el bulto.

– Romero, te puedes pasar por mi despacho antes de entrar en la reunión. Será un momentito.

Un momentito, un momentito ¿qué querrá? Encalomarme algún marrón seguro, que no sabe apañárselas sin mi ¡El muy inútil! Si no fuera porque me voy a quedar con su puesto más pronto que tarde, ya le habrían dado mucho por…..

– Pasa, Romero, pasa y siéntate. No se si conoces a Candela de la firma PriceWaterCloset que nos están ayudando a definir nuestras líneas estratégicas para dimensionarnos adecuadamente ante los retos a los que tenemos que enfrentarnos a la vista de la creciente incertidumbre del mercado. Como sabes, nuestro negocio no es inmune a esta situación tan excepcional y, por el bien de nuestros accionistas, hemos de tomar decisiones firmes para poder asegurar la supervivencia de esta empresa ¿verdad Candela?

– Sin duda, Jaime. En fin, todos tenemos mucho lío y Jaime ha descrito de manera meridianamente clara la situación. Sin duda Romero sabrá que para esta nueva etapa necesitamos gente altamente productiva, con un aspecto agradable que genere confianza a la clientela, hable idiomas y esté dispuesto a viajar. Y no todos los de esta compañía están a la altura de los altos estándares que nos exige el mercado. Por ello y lamentándolo muy sinceramente me temo que tenemos que desvincularle. Puede firmar aquí, el finiquito está calculado de manera generosa. A la salida encontraras a un señor de uniforme que le acompañará a su mesa para recoger sus efectos personales. Puede dejarme ya el móvil, el portátil y el iPad de la empresa, así no tendremos que molestarle más adelante. No me mire con esa cara, Romero ¡es un momento para la alegría! De verdad espero que me vea como una ayuda en su transición. Aquí tiene mi tarjeta. Piense que a veces la vida da estas oportunidades y ¡hay que saber aprovecharlas!. Ya conoce el dicho “si la vida te da limones, haz limonada”.

No por trabajar mas horas una persona se convierte en mejor empleado

Carl Honoré, el máximo precursor del Movimiento Slow, una corriente que recorre Europa desde hace más de una década y que propone pisar el freno en el día a día para ganar en calidad de vida y racionalizar mejor el tiempo, llegó ayer a Elche. El escenario fue el congreso Citymarketing, que se cerraba, tras tres intensos días.

¿Cómo se compatibiliza el Movimiento Slow con la productividad en tiempos de crisis?
No son incompatibles. Al contrario, el Movimiento Slow potencia la productividad y la creatividad porque tenemos más tiempo para reflexionar y para hacer las cosas bien. No por trabajar más horas una persona se convierte en mejor empleado…[Enlace retirado]
Visto en Menéame de [Enlace retirado]

La mochila y el currículum

Llueve a ratos, y Madrid está frío y desapacible. Pasan paraguas al otro
lado del escaparate de la librería de mi amigo Antonio Méndez, el librero de
la calle Mayor. Estamos allí de charla, fumando un pitillo rodeados de
libros mientras Alberto, el empleado flaco, alto y tranquilo, que no ha
leído una novela mía en su vida ni piensa hacerlo -“ni falta que me hace”,
suele gruñirme el cabrón- ordena las últimas novedades. En ésas entra un
chico joven con una mochila a la espalda, y se queda un poco aparte, el aire
tímido, esperando a que Antonio y yo hagamos una pausa en la conversación.
Al fin, en voz muy baja, le pregunta a Antonio si puede dejarle un
currículum. Claro, responde el librero. Déjamelo. Y entonces el chico saca
de la mochila un mazo de folios, cada uno con su foto de carnet grapada, y
le entrega uno. Muchas gracias, murmura, con la misma timidez de antes.
Si alguna vez tiene trabajo para mí, empieza a decir. Luego se calla. Sonríe
un poco, lo mete todo de nuevo en la mochila y sale a la calle, bajo la
lluvia.
Antonio me mira, grave. Vienen por docenas, dice. Chicos y chicas jóvenes.
Cada uno con su currículum. Y no puedes imaginarte de qué nivel. Licenciados
en esto y aquello, cursos en el extranjero, idiomas. Y ya ves. Hay que
joderse.
Le cojo el folio de la mano. Fulano de Tal, nacido en 1976. Licenciado en
Historia, cursos de esto y lo otro en París y en Italia. Tres idiomas.
Lugares, empresas, fechas. Cuento hasta siete trabajos basura, de ésos de
tres o seis meses y luego a la calle. Miro la foto de carnet: un apunte de
sonrisa, mirada confiada, tal vez de esperanza. Luego echo un vistazo al
otro lado del escaparate, pero el joven ha desaparecido ya entre los
paraguas, bajo la lluvia.
Estará, supongo, entrando en otras tiendas, en otras librerías o en donde
sea, sacando su conmovedor currículum de la mochila. Le devuelvo el papel a
Antonio, que se encoge de hombros, impotente, y lo guarda en un cajón.
Él mismo tuvo que despedir hace poco a un empleado, incapaz de pagar dos
sueldos tal y como está el patio. Antes de que cierre el cajón, alcanzo a
ver más fotos de carnet grapadas a folios:
chicos y chicas jóvenes con la misma mirada y la misma sonrisa a punto de
borrárseles de la boca. España va bien y todo eso, me digo. La puta España.
De pronto la tristeza se me desliza dentro como gotas frías, y el día se
vuelve más desapacible y gris. Qué estamos haciendo con ellos, Maldita sea.
Con estos chicos.
Antonio me mira y enciende otro cigarrillo. Sé que piensa lo mismo. En qué
estamos convirtiendo a todos esos jóvenes de la mochila, que tras la ilusión
de unos estudios y una carrera, tras los sueños y el esfuerzo, se ven
recorriendo la calle repartiendo currículum en los que dejan los últimos
restos de esperanza Licenciados en Historia o en lo que sea, ocho años de
EGB, cinco de formación profesional, cursos, sacríficios personales y
familiares para aprender idiomas en academias que quiebran y te dejan tirado
tras pagar la matrícula. Indefensión, trampas, ratoneras sin salida,
empresarios sin escrúpulos que te exprimen antes de devolverte a la calle,
políticos que miran hacia otro lado o lo adornan de bonito, sindicatos con
más demagogia y apoltronamiento que vergüenza. Trabajos basura, desempleos
basura, currículums basura. Y cuando el milagro se produce, es con la
exigencia de que estés dispuesto a todo: puta de taller, puta de empresa,
boca cerrada para sobrevivir hasta que te echen; y si tienes buen culo, a
ser posible, deja que el jefe te lo sobe. Aún así, chaval, chavala, tienes
que dar las gracias por los cambios de turno arbitrarios, los fines de
semana trabajados, las seiscientas horas extras al año de las que sólo
ochenta figuran como tales en la nómina. Y si encima pretendes mantener una
familia y pagar un piso date con un canto en los dientes de que no te
sodomicen gratis. Flexibilidad laboral, lo llaman Y gracias a la
flexibilidad de los cojones se han generado, dice el portavoz gubernamental
de turno tropecientos mil empleos más, y somos luz y fan de Europa. Guau.
Gracias a eso, también, un chaval de veintipocos años puede disfrutar de la
excitante experiencia de conocer ocho empleos de chichinabo en tres o cuatro
años, y al cabo verse el la calle con la mochila, buscándose la vida bajo
la, lluvia.
Partiendo una y otra vez de cero. Flexibilidad laboral. Rediós. Cuánto
eufemismo y cuánta mierda. A ver qué pasa cuando, de tanto flexionarlo, se
rompa el tinglado y se vaya todo al carajo, y en vez de currículums lo que
ese chico lleve en la mochila sean cócteles molotov.
Arturo Perez Reverte
El Semanal, 9 de febrero de 2003
Visto en Menéame

¡Vacaciones por fin!

Descanso, viaje, paseo, conectarme cada dia a la empresa porque se han quedado muchas cosas a medias (no por mi culpa); así que desconectar no va a ser posible.
De todas la maneras Forges nos muestra lo que nos espera a muchos españolitos en [Enlace retirado] de hoy.